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domingo, 19 de maio de 2013

La doble moral de Estados Unidos

 
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhrJMVQl4Dkrs7XBpnKyQDRW_o_RTLkuh5gbQRc46SV8-8aFcuOJubEyUljKwdDPM79mZg4-H0BI5jOKnblfurDbfOvp1Q41M93ReTWhpYfueHto295wQqVHgCi-bVYw7HLD1iOEy4miLg/s200/MANUEL+Yepe+5.jpgPor Manuel E. Yepe
MONCADA
Estados Unidos, la superpotencia única del planeta desde que finalizó la guerra fría, la que por más de medio siglo bloquea el desarrollo de su vecina isla de Cuba acusándola de indemostrables violaciones de los derechos humanos, tiene vigente una ley federal según la cual toda entidad o empresario estadounidense o con intereses en ese país que apoye un boicot por ese mismo motivo contra Israel será encarcelado o severamente multado.
En años recientes, muchas organizaciones defensoras de los derechos humanos y prominentes activistas sociales de todo el mundo, sin excluir a Estados Unidos, han condenado a Tel Aviv por su cruel papel en la crisis humanitaria en la Franja de Gaza y por los graves abusos contra los palestinos en toda la región.
El asunto cobró relevancia cuando, hace unos días, el científico británico Stephen Hawkings anunció su decisión de apoyar un boicot contra Israel convocado por los palestinos y, a tal efecto, canceló su participación en una próxima conferencia internacional que tendrá como anfitrión al Presidente israelí Shimon Peres.
Hawkings es un físico y cosmólogo universalmente reconocido por sus aportes científicos en diversos campos. Fue el primero en presentar una cosmología explicada a la partir de la unión de la teoría general de relatividad y la mecánica quántica. Ha recibido distinciones y premios de universidades y centros de investigación de diversos países, entre ellos de Estados Unidos.
Es una personalidad prestigiosa por su sistemática defensa de causas justas y, además, goza de grandes simpatías y solidaridad porque lucha contra una progresiva dolencia neuromotora severa vinculada con una amiotrofia esclerótica que le genera una casi total parálisis y la necesidad de hablar, limitadamente, por medio de un dispositivo electrónico especial.
A raíz de su protesta contra la actuación de Israel contra los palestinos, ha salido a relucir esa ley de Estados Unidos, casi desconocida u olvidada, que esencialmente criminaliza el acto de promover o brindar apoyo a cualquier forma de boicot a Israel, acto que califica como delito federal.
El objetivo de esa disposición es proteger la imagen de que el pueblo israelí apoya unánimemente la política genocida de su gobierno contra la nación palestina.
Las sanciones prescritas por violar la prohibición de brindar apoyo a un boicot contra Israel pueden llegar a ser de multa -hasta de un millón de dólares- y hasta 20 años de cárcel.
Por eso, el periodista Daniel Jackson se preguntaba en el sitio digital Activist Post el reciente 11 de mayo: “¿Si Stephen Hawking poseyera un negocio en los Estados Unidos sería multado o encarcelado por solidarizarse con el boicot contra Israel?”.
“No obstante las atrocidades de Israel, ahora nos vemos obligados a comprar a punta de cañón las importaciones de ese país”, comentaba Jackson.
Este papel que asume Washington de ángel de amparo de la cúpula de Tel Aviv contrasta vivamente con el de feroz guardián del bloqueo con ropas de embargo que ejerce contra Cuba desde 1962, cuando fueron instrumentadas las directivas del Departamento de Estado de EE.UU. de abril de 1960 que llamaban a “derrotar a la revolución cubana por medio del desencanto y el desaliento; la insatisfacción y las dificultades económicas, negándole dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno cubano”.
En la medida que Estados Unidos se ha ido quedando cada vez más aislado internacionalmente en su política de bloqueo contra Cuba, Israel se ha ido quedando como su casi único inconmovible aliado en la votación de condena que cada año, desde 1992, se le hace en la Asamblea General de la ONU.
Solo Israel y  Estados Unidos votan contra esa resolución cada año, acompañados en la sistemática derrota diplomática por alguna que otra isla nación del Pacífico que vota en contra o se abstiene debido a su situación de virtual fideicomiso bajo control de EE.UU. El  número de Estados miembros de Naciones Unidas que condena el bloqueo a Cuba de Estados Unidos llega ya a 188, o sea, más del 97% del total de países acreditados en el organismo mundial.
Lo que viene a constituir una muestra más del fariseísmo de la política exterior de Washington es que, mientras castiga a cualquier ciudadano suyo que condene a Israel por incumplimiento de los deberes humanitarios aprobados por las Naciones Unidas, reprime con crueldad a quienes no acaten su arbitrario boicot a Cuba, que es arquetipo de nación respetuosa de los derechos humanos y su pueblo modelo de reconocidas virtudes solidarias a nivel global.
La Habana, 17 de mayo de 2013

terça-feira, 12 de julho de 2011

Los orígenes de una larga confrontación

LOS ORÍGENES DE UNA LARGA CONFRONTACIÓN
 
 
Por Manuel E. Yepe
Publicación en MONCADA
Una gran parte de la ciudadanía estadounidense, entre ellos muchos amigos de Cuba que abogan por la normalización de las relaciones bilaterales, erróneamente consideran, al cabo de medio siglo de difamación en los medios contra la revolución cubana, que la confrontación deriva de la orientación política del gobierno de Cuba desde 1959.
Pero lo cierto es que el enfrentamiento entre las ideas cubanas de independencia y las anexionistas de la élite del poder de Estados Unidos precede en más de un siglo y medio al triunfo revolucionario.
Basta citar que ya en 1805, en el marco de la rivalidad de entonces entre Estados Unidos y Gran Bretaña por América Latina, el presidente Thomas Jefferson anunció al gobierno británico que, de entrar en guerra con España, Washington podría apoderarse de la isla de Cuba, cuya conquista le era necesaria para la defensa de Luisiana y Florida y, además, le resultaría fácil.
En agosto de 1807, Jefferson acariciaba la idea de que Cuba,  por iniciativa propia, se agregaría a la confederación y, en 1809,  ya siendo ex-Presidente,  en carta a su sucesor, James Madison, le ratificó que él siempre había visto en Cuba “la más interesante adición que se puede hacer a nuestro sistema de estados”.
En 1822, John Quincy Adams, siendo Secretario de Estado del Presidente James Monroe sentenció que, “para nuestros intereses, la importancia de Cuba, no es comparable con la de ningún otro territorio extranjero”.
Respecto a los motivos por los que Estados Unidos no hubiera aprovechado la debilidad del impero español para apoderarse de Cuba, en el libro “John Quincy Adams y los fundamentos de la política exterior americana” publicado en 1973, su autor, Samuel Flagg Bemis, afirma que:
“Cuba era de vital interés para Estados Unidos, pero prefería que la isla continuara temporalmente en manos de España. Los presidentes Jefferson, Madison y Monroe no sintieron hacia los esfuerzos revolucionarios cubanos tanta simpatía como la que sintieron hacia los de las  provincias españolas en el continente. (…) temían que una rebelión en Cuba sin que se resolviera antes la cuestión de la esclavitud en Estados Unidos  pudiera perturbar la anexión final de la isla”.
Es muy conocida la doctrina de la fruta madura o ley de la gravitación política formulada por John Quincy Adams cuando era Secretario de Estado en 1823, recogida así por él en sus memorias:
“Cuando se echa una mirada hacia el curso probable de los acontecimientos en los próximos cincuenta años, es casi imposible resistirse a la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República federal será indispensable para la continuación de la Unión Norteamericana y el mantenimiento de su integridad (...) “Es obvio que para tal acontecimiento no estamos todavía preparados y que, a primera vista, se presentan numerosas y formidables objeciones contra la extensión de nuestros dominios dejando el mar por medio...
Pero hay leyes de gravitación política como las hay de gravitación física, y así como una fruta separada de su árbol por la fuerza del viento no puede, aunque quiera, dejar de caer en el suelo, así Cuba, una vez separada de España y rota la conexión artificial que la liga con ella, es incapaz de sostenerse por sí sola, tiene que gravitar necesariamente hacia la Unión Norteamericana, y hacia ella exclusivamente, mientras que a la Unión misma, en virtud de la propia ley, le será imposible dejar de admitirla en su seno”.
Desde entonces, hasta hoy, la doctrina de la fruta madura permea la política de la elite conservadora estadounidense.
Tras su fácil victoria en la guerra contra España, Washington creyó completada, con Cuba y Puerto Rico, la absorción de la América hispana según lo determinado por la doctrina del Destino Manifiesto y la doctrina Monroe de “América para los americanos”.
El desarrollo de la conciencia independentista durante más de treinta años de cruentas luchas impidió que la absorción de Cuba resultara un simple cambio de amo, como le ocurrió a Puerto Rico.
Esa conciencia libertaria es la que se expresa en la negativa sistemática de los cubanos a renunciar a un ápice de su soberanía y su derecho a construirse el futuro que hoy ejercen a plenitud, contrastando con las muchas cosas que acercan a los pueblos norteamericano y cubano en la geografía y la cultura que inducen a una empatía que debía primar en la relaciones oficiales.
Solo identificando el origen verdadero de un conflicto, puede saberse lo que es necesario cambiar para hallarle solución.
La Habana, 10 de Julio de 2011.